Person taking a mirror selfie with a camera in a kitchen setting.

16.03.2000.

Mi interés por la fotografía surgió a partir de mi hartazgo de estar encerrado en el estudio de música, componiendo y grabando artistas día y noche. Cuando emigré de Argentina a Alemania en 2019, mi plan era desarrollar una carrera dentro de la música. Sin embargo, después de un par de meses, empecé a reflexionar sobre lo que estaba haciendo con mi vida. Me había mudado a un país completamente distinto al mío, pero pasaba la mayor parte de mi tiempo encerrado frente a una computadora.

Un día salí a caminar con estos pensamientos en la cabeza. Pasé por el mercado de pulgas de Mitte, en Berlín, y me llamó la atención un puesto de un señor polaco que vendía reliquias familiares. Entre ellas, había una cámara analógica mecánica de 35mm. Para ese entonces, no había visto una cámara que no fuera digital en persona desde que tenía seis años. La agarré y, desde el primer contacto, me produjo una sensación especial. Era pesada, se sentía como si estuviera sosteniendo algo significativo. Entonces pensé: Quizás hacer fotos sea la excusa perfecta para salir del estudio más seguido. La rutina de hacer música, que tanto disfrutaba cuando empecé, se había vuelto monótona y agotadora. ¿Qué mejor que aprender algo nuevo para salir de eso?

Además, la cámara costaba solo 50 euros. Eso es algo interesante de la fotografía analógica: el riesgo de inversión inicial es muy bajo comparado con la compra de una cámara digital, lo que la convierte en una gran puerta de entrada para la gente joven.

Le compré la cámara al polaco, miré un par de tutoriales sobre cómo usarla, compré un rollo de Kodak Gold (que en ese entonces era baratísimo) y salí a recorrer las calles de Berlín para experimentar. No tenía un tema de interés específico, ni referentes; en verdad, no sabía nada sobre fotografía. Pero eso me dio la libertad y el disfrute que solo se tienen cuando uno ignora cualquier conocimiento previo: el mismo sentimiento que tiene un niño cuando juega.

Me enamoré desde la primera vez que corrí la palanca para cargar el film y apreté el disparador. Sentí que no importaba el resultado de esa foto, sino el acto en sí. Me sentí presente por primera vez en mucho tiempo. La fotografía requiere una intención en la observación que realmente te vuelve parte de tu entorno. Especialmente la fotografía analógica, con sus tiempos largos de enfoque manual, medición de luz, rebobinado del rollo y cantidad limitada de disparos.

Cuando terminé mi primer rollo, lo llevé a revelar. Al recibir los resultados, me emocioné. Las fotos no estaban nada mal. Los colores del film eran hermosos, el lente estaba rayado, la cámara tenía filtraciones de luz… pero eso solo lo hacía más fascinante.

Desde entonces, me obsesioné con la fotografía analógica y el arte visual. Caí en un rabbit hole del que aún no salgo. Había todo un mundo nuevo por explorar.

Person standing on rocky shore by a lake with mountains in the background, under a cloudy sky.

Nunca soy algo, siempre soy más.

Ahora soy el transcurrir entre lo que fui y lo que aun no soy.

Lo que uno es de manera abstracta y permanente, (si es que existe tal cosa como una esencia), solo pude experimentarse a través del arte, el amor y el conocimiento.

La sustancia está dada, el artista transforma lo que absorbe.

“El deseo de un dios en el cuerpo de un hombre” -Heidegger-

Una descripción adecuada para cualquier persona con alma de artista.

Me gusta vivir así: